AGOTADOS LOS 100 DÍAS DE GRACIA.
Por si algunos de ustedes aún no lo saben, pese a que paradójicamente el propio Gobierno se ha encargado de airearlo a los cuatro vientos, no sé si por chulería o ingenuidad, ya les digo yo que han transcurrido los tradicionales 100 días de gracia que cortesmente se conceden a todos los Gobiernos. Ahora se ha abierto la veda y podemos desde este momento salir a la caza de Ministros, Vicepresidenta y Presidente del Gobierno, para arrojarles con saña nuestras aceradas críticas. Y aunque no soy ni el primero ni el único, me veo en la obligación de aportar mi granito de arena a la montaña de críticas que sin duda le va a caer al gobierno socialista.El ministro de Economía (y Hacienda?), D. Pedro Solbes, habla en este momento de “crisis” y esto parece haber alegrado a milenaristas y apologetas del Apocalipsis en general. Y aunque Pedro Jota y correligionarios, humillados por la sentencia del 11M, no han perdido un segundo en acusar al ministro y sobretodo a ZP de mentiroso compulsivo, lo cierto es que ni ellos están en posesión de la verdad absoluta – aunque lo pretendan – ni por supuesto nadie había sido capaz de predecir la crisis ni de anunciarla a bombo y platillo con un mínimo de solvencia científica. Enfangados pues en esta crisis, temida por algunos y anhelada por otros, y debiendo asumir que la opción “esperar a que todo pase” no es aceptable, todavía el señor Solbes no nos ha informado de qué va a hacer, o pretende hacer, el Gobierno para superar la citada crisis.
La impresión inicial de un Gobierno inerte, abandonado a su suerte y zarandeado por la coyuntura, como otoñal hoja seca por la brisa, se ha tornado en probabilidad camino a la certeza. Es verdad que la crisis es estructural y de carácter global, esto es, no se trata de una crisis específicamente española, ni relacionada con las particularidades españolas, sino que estamos ante una crisis específica del capitalismo, caracterizada por la interrelación dinámica de todos los ámbitos político-económicos del sistema; cabe señalar que la crisis afecta a todo el mundo, incluidos los países no capitalistas, como China o Cuba, porque ni siquiera las economías comunistas pueden aspirar a considerarse autárquicas. Es verdad, también, que el margen de actuación que tiene el Gobierno de España es limitado y está condicionado por las instituciones económicas europeas y mundiales, ya que el estado ha cedido sus competencias en gran parte de este terreno al BCE y al FMI. Y finalmente, no es menos cierto que el papel que juega el capital especulador es tan determinante como permeable a la influencia de los estados. Pero todo esto, siendo cierto, no obsta para que, de manera específica o colegiada con otros gobiernos occidentales, el Gobierno de España tome medidas, dentro de sus posibilidades, para al menos minimizar los efectos de la crisis económica en el ámbito español. Y nada de esto ha llegado a mis oídos, ni he leído que el señor ministro haya siquiera propuesto el obligado “paquete de medidas” – no el patético circo que montó D. Mariano Rajoy – para capear los efectos de la crisis como, por ejemplo, rebajar los impuestos indirectos e incrementar los directos.
Eso sí, hay que reconocer que la intención de mantener las políticas sociales y no reducir el gasto público, tal y como propone – como no podía ser de otra manera – la derecha neoliberal o neoconservadora, según se mire, son una esperanzadora luz que resplandece débilmente, titilando allá al final de un túnel que en todo caso es extremadamente largo y profundamente oscuro. En este túnel que se nos ha obligado a transitar la única guía que tenemos y a la que nos podemos agarrar, porque así lo hemos elegido democráticamente, porque en ello se han comprometido quienes ganaron las elecciones y porque es su obligación, es el Gobierno en general y el señor Solbes, como ministro de Economía (y Hacienda?) en particular. Por eso es necesario exigirles que cumplan con su obligación y a no más tardar se pongan manos a la obra para arreglar el desaguisado en la medida de sus posibilidades, porque de lo contrario luego vendrán los amigos del bigotudo señor del “pelazo” con las rebajas, y será peor. Advertidos están.








