domingo, junio 10, 2007

REFLEXIÓN TRAS LA DERROTA.

El análisis de los resultados electorales de la izquierda estas pasadas elecciones autonómicas y municipales en el País Valenciano ha llevado a conclusiones enfrentadas sobre las implicaciones causales. Así hay una postura, que podríamos denominar ‘multifactorial’ y que alude a la conjunción de una serie de circunstancias que van desde el orden interno al comportamiento del electorado; y otra, que podríamos denominar, ‘monofactorial’, que alude exclusivamente a causas internas de EUPV, como la renovación de la candidatura o la presunta poca energía demostrada durante la campaña. Esta última, la ‘monofactorial’, sustentada entre otros por Joan Ribó, no sólo no tiene en cuenta el comportamiento del electorado como causa, aunque sólo sea concomitante, sino que lo exime de toda responsabilidad, alegando que EUPV ha planteado una campaña tibia que no ha convencido ‘a nadie’.

El maniqueísmo es a la política lo que las especias a la cocina, un condimento endémico, y algunas personas lo han convertido en el único condimento de los platos que preparan. Por una parte, siendo cierto que es razonable suponer una parte de responsabilidad importante de los órganos de dirección de EUPV en los resultados electorales, esto no es óbice para despojar al electorado de toda responsabilidad en ellos, puesto que en ese caso estaríamos suponiendo que la ciudadanía no ha de asumir la responsabilidad derivada de su elección de gobernantes y lo que es peor, que estos últimos no tienen razón alguna para ajustar su acción de gobierno a la ciudadanía que los votó. Y esto no es así, por mucho que lo diga Joan Ribó o Mavi González , que son profesionales de la política con mucho ‘savoir faire’ e incapaces, por lo tanto, de echarse piedras sobre su tejado, o sus electores, que viene a ser lo mismo. La ciudadanía tiene mucha responsabilidad en el resultado electoral de la izquierda, porque es en definitiva ella quien ha legitimado la política de Rita Barberá en Valencia, por poner algún ejemplo paradigmático; una política de escaparate, de postal turística, donde vienen las clases pudientes del continente a practicar sus deportes (tenis, equitación, vela…) y a pasear en escenarios ‘idílicos’, mientras la postal lúdico-festiva se deshace como azucarillo en aguardiente en los barrios de la capital, como Marxalenes, Orriols, Torrefiel, Malva-Rosa, Nazaret, etc., unos barrios en que, por cierto, también ha barrido el PP en votantes. Otros ejemplos, tan paradigmáticos como el anterior, los encontramos a todo lo largo y ancho de la geografía del País Valencià, donde alcaldes imputados en delitos urbanísticos, consistorios corruptos, personajes oscuros en vías de entrar en prisión – como ‘el Cachuli’ – han sido confirmados en sus puestos, legitimados por la ciudadanía, y algunos, como el sr. Fabra, se han considerados exculpados de los delitos por los que serán juzgados.

La izquierda, en el País Valenciano, está en precario en las Corts Valencianes y ha desaparecido del Ayuntamiento del Cap i Casal (València), porque la ciudadanía no ha depositado su confianza, en forma de votos, en el programa político de EUPV. La ciudadanía no ha votado a la izquierda, y esto es un hecho incontestable, basta con mirar el resultado que arroja el recuento de votos en las pasadas elecciones, el porqué, las razones por las que no lo ha hecho, van más allá de maniqueísmos baratos y planteamientos maximalistas, puesto que sin duda obedecen a una conjunción de factores diversos, que arrancan desde el manifiesto clima de decadencia de nuestra sociedad, pasan por el descrédito público de la clase política, y terminan en la manifiesta incapacidad de la izquierda de articular un discurso coherente e ilusionante.