CUANDO EL ABISMO TE DEVUELVE LA MIRADA
Decía Nietzsche, o eso dicen, que cuando nos asomamos al abismo que se abre a nuestros pies, ese abismo nos devuelve la mirada, atrapándonos en una inquietante disonancia dicotómica; llamándonos para que nos lancemos a él, hacia una muerte segura que queremos evitar a toda costa. Hay quien decide saltar, abrazar al abismo, sumergirse en sus negruras inescrutables y perderse en sus profundidades abisales; otras personas, en cambio, optan por rechazar la llamada y dan un paso atrás, hacia la tierra firme, para salvar el pellejo. Carezco de autoridad moral suficiente como para juzgar el comportamiento de quien decida una cosa o la otra, aunque a mí siempre me ha atraído fuertemente la llamada de ese abismo que permanentemente tengo ante mí, con sus oscuras fauces bien abiertas, y tiendo a ser más comprensivo con quien salta, porque creo que ha asumido un riesgo voluntariamente lo que convierte a esa persona en valiente, por lo menos; no como yo, que soy un “cobardica” y hago oídos sordos a la llamada. Por eso mismo me parece que la trayectoria de la publicación semanal ‘El Jueves’, recientemente secuestrada por un juez a petición de la Fiscalía General del Estado, es o ha sido valiente, lo que la hace acreedora a mi solidaridad.Y cuando todavía tenía el Fiscal la vena del cuello hinchada y el rostro enrojecido de ira, el señor Anasagasti – el del peinado con raya en la oreja – va y escribe en su blog personal que el Rey en concreto y toda la familia real en general son una panda de vagos, un grupo de apesebrados que viven regaladamente a cambio de no hacer absolutamente nada y a costa del esfuerzo de la ciudadanía, vía impuestos. Otro que ha escuchado la llamada del abismo insondable y se ha lanzado al interior de sus fauces con regocijo, disfrutándolo con delectación y, perdónenme la expresión, “con dos cojones”. En realidad, el señor Anasagasti ha ejercido de megáfono humano de un consenso social más o menos explícito, pero en todo caso bien patente en ese inconsciente freudiano que aflora en forma de sueños democráticos y republicanos, pero que ha sido reprimido a fin de rehuir el abismo, la herejía, la excomunión, el diablo en suma. Pocas personas se han atrevido a expresar públicamente su indignación por la situación de privilegio en la que vive, todavía hoy en pleno siglo XXI, una familia por el único motivo del mérito de cuna y lo que es peor, sin aportar nada de enjundia. Han sido esas personas valientes que han mirado al abismo a los ojos y se han retado a ver si tenían valor para dar la cara a la vida o eran humanamente cobardes para esconder el pico bajo la arena, como el común de los mortales.
Desde que tengo uso de razón estoy convencido de que el grado de indignación que experimenta algo o alguien como reacción a una acusación determinada tiene un correlato con el grado de culpabilidad, de tal manera que se establece una relación directa de proporcionalidad, por lo que a mayor indignación corresponde una mayor probabilidad de culpabilidad. En esta línea de pensamiento, suponiendo que esté en lo cierto – que es mucho suponer – nada más hay que ver, no sin cierto asomo de estupor, la desproporcionada reacción del Fiscal General del Estado frente a la publicación de la ya famosa a estas horas portada de ‘El Jueves’, en la que se podía ver en actitud “indecorosa” al Príncipe de Asturias y su señora esposa, mientras afirmaba aquel que de quedarse ésta embarazada y ser perceptores de la ayuda prometida por el Gobierno a los nuevos nacimientos – 2.500 € en pago único – sería lo más parecido a trabajar que hubieran hecho en su vida. Es cierto que la portada es soez, vulgar, innecesaria y hasta ridícula, pero no es menos cierto, y es mucho más grave, la certeza absoluta de que el señor Fiscal y el señor Juez tienen cosas más importantes a las que prestar atención, al igual que en conjunto toda la Administración de Justicia de España. Si quieren les pongo algunos ejemplos, pero baste decir que existen dilaciones injustificadas en los juicios, juzgados colapsados, causas que llevan durmiendo el “sueño de los justos” empolvados en oscuras estanterías, etarras que escapan de la cárcel por dejación de sus juzgadores, y un largo etcétera. Y para rematar, la existencia más que probada, de jueces que no están en sus cabales y que manifiestan conductas cuando menos estrambóticas, si no claramente esquizofrénico-paranoides, como ese sujeto que busca inspiración en Dios para dictar sentencia; aquel que le quita la custodia de sus hijos a una mujer, alegando lesbianismo; o aquel anormal que señala en su sentencia la imposibilidad de haber sufrido violación una mujer por el hecho de vestir pantalones vaqueros. Ya lo decía Jesucristo, que es más fácil ver la paja en ojo ajeno que la viga en el propio; y la viga que tiene la Administración en el ojo de la Justicia es gordísima.





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