jueves, junio 28, 2007

COBRAR SEGÚN PRODUCTIVIDAD


Apedrearse el propio tejado, además de ser una temeridad es una estupidez, sobretodo porque predice el derrumbamiento de la techumbre que cobija y nos proporciona satisfacción a la necesidad de protección, con todos los inconvenientes que obviamente lleva aparejado este hecho. Apedreárselo con saña ya es propio de imbéciles, como puede comprender cualquiera. Y hablando de estas cosas leo en El País que el actual ministro de economía y hacienda, el señor Pedro Solbes, ‘defiende’ que los salarios reales crezcan – o decrezcan – en función de la productividad. Dicho así, y con todos los respetos, el sr. Solbes – y compañía – se iba a quedar sin emolumentos, debiendo hacer extensiva esta condición al resto del hemiciclo del Congreso de los Diputados para, a continuación, inmediatamente, echar a la calle a todos los senadores, por intrascendentes.

Asegura el señor ministro que la ‘moderación salarial’, fruto del consenso entre sindicatos y patronal, está detrás del ‘milagro económico’ de los últimos años. Claro que eso del ‘milagro’ debe referirse a su situación económica, puesto que está cobrando una millonada por no dar palo al agua y, además, permitiéndose el lujo de exigir ‘productividad’ a los demás para cobrar sueldos ‘de miseria’.Es lo que tiene la democracia representativa, haber elegido muerte, que los representantes fijan sus retribuciones en función de la percepción personal, y colectiva – sobretodo colectiva – que tienen no de su trabajo sino de la importancia del mismo, eligiendo como parámetro determinante no la productividad real sino la imaginaria. La imaginación al poder, que decía aquel en 1968, y le hicieron caso, que ahora el poder es imaginario sobretodo para la ciudadanía, que según la Constitución de 1978 es depositaria de la ‘soberanía nacional’, o sea, del mando del cotarro, que en realidad está en propiedad privativa de un conjunto de personajes, o bultos sospechosos – según se mire –, que autodeciden no sólo si se suben el sueldo y en qué cuantía lo hacen sino también, y lo que es más sorprendente, si su trabajo es productivo o no y en qué medida. Imagínense que mañana el jefe (o la jefa) les dice que se autoevalúen su productividad y que en función de esta autoevaluación decidan ustedes si se suben el sueldo y en qué cantidad lo hacen; sin duda, por la tarde, todos multimillonarios ¿no? Pues eso es lo que hacen estos, ni más ni menos ¿asombrados? Pues, pásmense, además lo hacen respaldados por la confianza que hemos depositado en ellos la ciudadanía a través de las elecciones periódicas.

¡Apaga y vámonos! Que dice un amigo mío. Claro que también asegura que ‘los derechos constitucionales se defienden a bombazos’, pero él no menea un dedo, ni ha salido corriendo a comprar bombas para tal. Y eso es lo que nos pasa, que se nos va la fuerza por la boca, como la gaseosa, que es bebida experimental – ya saben el dicho popular relativo a la metodología empírica – y en definitiva, estos ‘representantes’ ciudadanos van a sus anchas, apesebrándose en una espiral eterna de vicio y corrupción. El sueño de todo mortal que se precie, pero hecho realidad y sufragado a costa de nuestro bolsillo, y encima agradecidos. Como también dice aquel, ‘además de meretriz, pongo el lecho’. Pues eso, que a ver si despertamos, leñe.

martes, junio 26, 2007

¡QUE VUELVAN NUESTRAS TROPAS YA!

Contrariamente a lo que opinan los dirigentes del PP, las características de la presencia militar española en El Líbano son radicalmente diferentes, cuando no opuestas, a las que marcaron esa misma presencia en Iraq. Es cierto que en ambos casos nuestros soldados están sobre el terreno en misión humanitaria, aunque probablemente de haber tenido capacidad suficiente seguro que el Gobierno de Aznar, que voluntad tenía de ello, hubiese enviado al ejército español a batirse el cobre contra las aguerridas tropas del taimado Saddam, por otra parte, a lo que se sabe, poseedor de terribles armas de destrucción masiva invisibles. Pero no es menos cierto que en el caso de El Líbano, la presencia militar española se produce bajo mandato de la ONU y con el respaldo de la legalidad internacional, cosas de las que obviamente no puede presumir la misión española que Aznar envió a apoyar la invasión ilegal de Iraq por los Estados Unidos de Bush y la Gran Bretaña de Blair.

El Gobierno de Zapatero – el sr. Rodríguez – tomó la decisión de traer las tropas destacas en Iraq, cumpliendo una promesa electoral, lo que a buen seguro salvó la vida a más de uno de nuestros muchachos y de nuestras muchachas, que hoy en día afortunadamente de todo hay en las Fuerzas Armadas. También el mismo Gobierno de Zapatero decidió hacer obligatorio por ley la consulta del Ejecutivo al Congreso de los Diputados sobre el envío de tropas españolas al extranjero, lo que convertía en debate político lo que hasta el momento había sido decisión arbitraria, en cumplimiento de sus responsabilidades – dicho sea de paso –, del Gobierno de turno. Y ha sido ese mismo Gobierno, el de ZP, quien ha enviado nuestras tropas a El Líbano y Afganistán, o por lo menos ha reforzado nuestra presencia militar en esos países con el envío de nuevas tropas y el incremento de los contingentes. Es obvio que, como ya he dicho, esa presencia militar española en el extranjero se produce bajo la bandera de la ONU y con el respaldo de la legalidad internacional, además de caracterizarse, o definirse, como misiones humanitarias y de paz, según los casos, pero de ninguna manera las tropas españolas están involucradas en invasiones ilegales, guerras inmorales o cualesquiera otras ilegalidades que ampararon la presencia española en Iraq.

Sin embargo, pese a todo esto, yo creo que es obligación del Gobierno el garantizar, en la medida de lo posible, la seguridad de nuestras tropas, ya estén éstas haciendo maniobras en la Península Ibérica o en misión humanitaria en el quinto pino. En este sentido resulta imprescindible que nuestros soldados dispongan de todas las medidas de seguridad imprescindibles para garantizar la salvaguarda de su integridad física y moral, máxime cuando la misión en que se hallan involucrados tiene carácter de humanitaria o de paz. Y lo que no es de recibo es que el ejército español esté en misión internacional, todo lo legal y humanitaria que ustedes quieran – y eso honra a nuestro ejército y a nuestros soldados –, sin disponer de los medios necesarios y mínimamente imprescindibles para evitar, en la medida de lo posible, que se produzcan bajas sobre el terreno. Es increíble que un vehículo blindado, que dicen estos iluminados por la intensa luz de la verdad absoluta, es ‘el mejor del mundo’ (sic.) salga hecho mixtos por la explosión de un coche bomba; que no estamos hablando de un disparo de artillería, o de un tanque de combate, o de un misil tierra-tierra, o un disparo de mortero anti-carros, no, hablamos de una ‘fragoneta’ de ‘malacatones’ cargada de pólvora y metralla. Y lo que ya no es tolerable es que un miembro del Gobierno, el ministro de defensa sin ir más lejos, asegure en público, para justificar lo injustificable, que el ejército estadounidense, que dispone del último grito en tecnología militar, tiene bajas en Iraq ¡Pues claro que tiene bajas en Iraq! ¡Como que ha invadido militarmente Iraq y las guerrillas iraquíes le están dando de su propia medicina! ¡Pero los soldados españoles son CASCOS AZULES DE LA ONU Y NO TROPAS INVASORAS! A ver si nos vamos enterando de las cosas antes de ir soltando imbecilidades, que en eso van los ministros de ZP más que sobrados.

Que regresen ya nuestras tropas, que ni falta que nos hace estar dando botes por el mundo con chancas inútiles y sin el material necesario. El ‘quiero y no puedo’ sólo trae desgracias personales irreparables, porque la muerte de estos muchachos en El Líbano, defendiendo Dios-sabe-qué intereses y de quién, es intolerable, injustificable y debería llenar de vergüenza y dimisiones en cadena a este Gobierno papanatas. Y si la cosa está tan bien y es todo tan seguro y con tan poco riesgo, que se vayan ellos, con el PP, de la manita, a impartir la paz por el mundo, que aquí no los echaremos de menos, se lo aseguro.

sábado, junio 23, 2007

UNA CONSTITUCIÓN DE ESPALDAS A LA CIUDADANÍA

Nos la quieren meter doblada, otra vez. Ya nos preguntaron, así 'de aquella manera', y dejando claro que nada podíamos hacer salvo opinar, por lo que nos parecía aquella chapuza inicial de presunta 'Constitución Europea'. Y contestamos también 'de aquella manera', porque la derecha votó con desgana un acuerdo que no le importaba lo más mínimo - sigue sin importarles un bledo -; el PSOE, como estaba en el Gobierno, mandó a su militancia y a su electorado fiel a votar que sí, pensando más en el lucimiento personal que en los presuntos beneficios del acuerdo constitucional; la izquierda, como somos más 'tiquismiquis', nos leímos parte del acuerdo - porque era un 'tocho infumable' pleno de ambigüedades - sobretodo los anexos, que era la parte más jugosa, suscitándose diversas interpretaciones que dieron lugar a varias tomas de posición, como siempre ocurre en la izquierda, que es plural por definición; unos votamos que sí, con la boca pequeña y tapándonos la nariz y, otros, más coherentes, como IU, votaron que no, así a las bravas, con un par. En Francia, que son más reivindicativos y los tienen bien puestos, fueron directamente a darle por donde amargan los pepinos a la chapuza pactada por los poderosos, como ha de ser, de frente.

La cosa les fue mal, o mejor dicho, de mal en peor, porque los holandeses también dijeron que no, y se atascaron en un mar de dudas, fundamentalmente sustentadas en la obviedad de que no podían aprobar una constitución para Europa sin Francia, pero también en que el ejemplo francés podía extenderse al resto de países que habían dicho que iban a consultar a su ciudadanía sobre el asunto. Y, claro, a estas mentes preclaras de la política europea, pongamos por caso a ZP y Sarcozy, no se les ha ocurrido otra cosa que obviar la consulta a la ciudadanía, total para qué, para que ese atajo de indigentes intelectuales pretendan enmendarles la plana ¡a ellos! ¡Qué intolerable osadía! De esta manera, 'muerto el perro - o sea, la ciudadanía -, se acabó la rabia' y nos van a endilgar su particular visión de lo que significa una 'constitución', es decir, un pacto entre los gobernantes, atendiendo a sus particulares intereses personales, que la ciudadanía ha de aceptar sí o sí. A quejarse en la otra ventanilla y vuelva usted mañana. Tenemos lo que nos merecemos, porque los votamos - en vez de botarlos -, porque nos dejamos engañar y porque se aprovechan de nuestra profunda y vergonzosa estupidez, estulticia y nihilismo recalcitrante.

Decía un amigo que en el Bajo Imperio Romano las autoridades oligárquicas (y nepóticas) le daban a pueblo romano 'pan y circo', para tenerlo ocupado en chorradas y apartarlo de las decisiones políticas, del gobierno de la comunidad y de la elaboración de las leyes; los tiempos han cambiado y ahora a los gobernantes - tan oligárquicos y nepóticos como entonces - les basta con darnos 'circo' para tenernos ocupados en imbecilidades mientras nos la meten doblada sin vaselina. Y mientras vamos dándonos de leches a ver quién gana la liga o quién de los ricachones de los barcos y de los coches va más rápido, los gobernantes, que como son más 'listos' van de 'sobraos', van haciendo sus cosas de la gobernancia sin que nadie les moleste. Perra vida.

domingo, junio 10, 2007

REFLEXIÓN TRAS LA DERROTA.

El análisis de los resultados electorales de la izquierda estas pasadas elecciones autonómicas y municipales en el País Valenciano ha llevado a conclusiones enfrentadas sobre las implicaciones causales. Así hay una postura, que podríamos denominar ‘multifactorial’ y que alude a la conjunción de una serie de circunstancias que van desde el orden interno al comportamiento del electorado; y otra, que podríamos denominar, ‘monofactorial’, que alude exclusivamente a causas internas de EUPV, como la renovación de la candidatura o la presunta poca energía demostrada durante la campaña. Esta última, la ‘monofactorial’, sustentada entre otros por Joan Ribó, no sólo no tiene en cuenta el comportamiento del electorado como causa, aunque sólo sea concomitante, sino que lo exime de toda responsabilidad, alegando que EUPV ha planteado una campaña tibia que no ha convencido ‘a nadie’.

El maniqueísmo es a la política lo que las especias a la cocina, un condimento endémico, y algunas personas lo han convertido en el único condimento de los platos que preparan. Por una parte, siendo cierto que es razonable suponer una parte de responsabilidad importante de los órganos de dirección de EUPV en los resultados electorales, esto no es óbice para despojar al electorado de toda responsabilidad en ellos, puesto que en ese caso estaríamos suponiendo que la ciudadanía no ha de asumir la responsabilidad derivada de su elección de gobernantes y lo que es peor, que estos últimos no tienen razón alguna para ajustar su acción de gobierno a la ciudadanía que los votó. Y esto no es así, por mucho que lo diga Joan Ribó o Mavi González , que son profesionales de la política con mucho ‘savoir faire’ e incapaces, por lo tanto, de echarse piedras sobre su tejado, o sus electores, que viene a ser lo mismo. La ciudadanía tiene mucha responsabilidad en el resultado electoral de la izquierda, porque es en definitiva ella quien ha legitimado la política de Rita Barberá en Valencia, por poner algún ejemplo paradigmático; una política de escaparate, de postal turística, donde vienen las clases pudientes del continente a practicar sus deportes (tenis, equitación, vela…) y a pasear en escenarios ‘idílicos’, mientras la postal lúdico-festiva se deshace como azucarillo en aguardiente en los barrios de la capital, como Marxalenes, Orriols, Torrefiel, Malva-Rosa, Nazaret, etc., unos barrios en que, por cierto, también ha barrido el PP en votantes. Otros ejemplos, tan paradigmáticos como el anterior, los encontramos a todo lo largo y ancho de la geografía del País Valencià, donde alcaldes imputados en delitos urbanísticos, consistorios corruptos, personajes oscuros en vías de entrar en prisión – como ‘el Cachuli’ – han sido confirmados en sus puestos, legitimados por la ciudadanía, y algunos, como el sr. Fabra, se han considerados exculpados de los delitos por los que serán juzgados.

La izquierda, en el País Valenciano, está en precario en las Corts Valencianes y ha desaparecido del Ayuntamiento del Cap i Casal (València), porque la ciudadanía no ha depositado su confianza, en forma de votos, en el programa político de EUPV. La ciudadanía no ha votado a la izquierda, y esto es un hecho incontestable, basta con mirar el resultado que arroja el recuento de votos en las pasadas elecciones, el porqué, las razones por las que no lo ha hecho, van más allá de maniqueísmos baratos y planteamientos maximalistas, puesto que sin duda obedecen a una conjunción de factores diversos, que arrancan desde el manifiesto clima de decadencia de nuestra sociedad, pasan por el descrédito público de la clase política, y terminan en la manifiesta incapacidad de la izquierda de articular un discurso coherente e ilusionante.