divendres, agost 24, 2007

¿REPÚBLICA O TECNOCRACIA?

Habemos un grupo más o menos numeroso de republicanos convencidos, que militamos en diversos partidos político y que estamos empeñados en el advenimiento de la Tercera República Española. Cabe decir que el hecho de ser republicano trasciende del modelo de Estado, esto es, que la República es más bien consecuencia que causa de nuestro republicanismo. Ser republicano supone compartir una serie de valores políticos e ideológicos que apuestan por el valor de la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas y la revalorización de la actividad pública, además del respeto a la diferencia, a la igualdad social, a la libertad individual y colectiva, etcétera. Lógicamente, en ese marco ideológico, la política se concibe como un servicio público a la ciudadanía realizado, precisamente, por la propia ciudadanía, implicada activamente.

La realidad que nos toca vivir en este momento en España, que es un país europeo, es radicalmente diferente a ese ideal republicano que exponía en el párrafo precedente. Vivimos en una monarquía parlamentaria con ínfulas democráticas en la que la política es una profesión reservada para una élite ciudadana de la que se desvincula la mayor parte de la ciudadanía, o más bien de la que la mayor parte de la ciudadanía reniega porque la considera más propia de ladrones, prevaricadores, delincuentes y gentuza varia que merece escasa confianza - parte de la razón por la que existe una abstención electoral tan elevada -. Los grandes partidos políticos españoles, como el PP y el PSOE, sólo tienen la intención de gestionar el sistema existente, sin plantearse superarlo, trascendero o siquiera efectuar transformaciones estructurales en la búsqueda de un sistema mejor, más justo, iqualitario - equitativo si quieren - y beneficioso para toda la ciudadanía. Y para gestionar el modelo existente no nos hacen falta ideólogos, ni políticos, sino gestores profesionales, técnicos especialistas. Cuando se nos avería el ordenador no llamamos a un filósofo existencialista sino a un técnico informático, pues para gestionar eficientemente un sistema tampoco necesitamos políticos, ni ideólogos, sino técnicos especializados en cada campo.

Una cosa es lo que deseamos, la República, y otra lo que tenemos, la Monarquía Parlamentaria. Hemos de vivir con esa disonancia interna que, en todo caso, no puede desanimarnos sino alentar nuestra voluntad - impasible el ademán, que diría aquel - de configurar un modelo político, social y económico republicano. Para eso es necesario convencer a la ciudadanía de lo importante que resulta para su bienestar, para su vida cotidiana, la política y que sólo a través de la participación pública en la toma de decisiones políticas va la ciudadanía a recuperar espacios de influencia que ha ido perdiendo paulatinamente, cediendo tal vez por desidia, en favor de unos representantes que lejos de representar sustituyen. Es cierto que los políticos han contribuido al progresivo descrédito de la política, con su falta de ética, escrúpulos y profesionalización de una actividad que debería ser de servicio a la ciudadanía y no un medio de vida; pero no es menos cierto que al capitalismo le viene bien el descrédito de la política por dos razones fundamentales, primero porque la política regula la actividad económica y segundo porque sólo el modelo político se interpone entre la ciudadanía y el mercado.

divendres, agost 03, 2007

ERRARE HUMANUM EST

Cuando yo era joven, hace ya algunos años, estaba convencido de profesar el ideario de la socialdemocracia europea, ya que compartía el acervo ideológico de personas tan relevantes como Jaurés, Lassalle o Rosa Luxemburgo; así como también, aunque en menor medida, de Marx, Engels, Trotsky.y Lenin. Yo estaba convencido, a través de mis lecturas, de que la socialdemocracia se había puesto como horizonte el socialismo, a cuyo modelo socio-económico tendía como posibilidad factible a través de la praxis política; a diferencia de lo que en teoría defendía el comunismo, que no era otra cosa que la revolución como metodología para alcanzar el socialismo. A simple vista, la diferencia entre socialdemócratas y comunistas radicaba en la apuesta de los primeros por la vía política – en muchos casos apoyándose en la democracia liberal – para alcanzar el socialismo, en tanto que los segundos, optaban más por la revolución traumática y violenta, pero compartiendo un mismo objetivo general o eso me parecía a mí.

Es obvio que estaba equivocado. La socialdemocracia europea ha abandonado el objetivo del socialismo y se ha instalado en un discurso netamente liberal, que no persigue transformar el sistema para finiquitar el capitalismo y construir un modelo socialista, sino el implementar reformas estructurales que garanticen la homeostasis del capitalismo, inspirándose en las tesis keynesianas. La tercera vía ‘giddensiana’ supuso un duro golpe a la izquierda política ya que escoró definitiva e irresolublemente a la socialdemocracia europea al liberalismo capitalista, alejándola de manera incontestable del socialismo, deriva en la que han seguido profundizando los partidos políticos que se dicen ‘socialdemócratas’. Es cierto, y sigo en mis treces en este aspecto, que no podemos identificar ideologías con partidos políticos concretos, ya que los partidos políticos – al menos en el contexto euro-americano – no son representantes de ideologías sino que se han transformado en partidos de masas, al estilo nazi, esto es, cajones de sastre, capaces de aglutinar a diversas sensibilidades ideológicas en un cada vez más amplio espectro político. Basta observar a los líderes de esos partidos políticos, sobretodo en campaña electoral, prometiendo a diestro y siniestro, sin miramiento alguno, a unos una cosa y a los otros todo lo contrario, en el mismo día o en el mismo mitin si fuere menester.

En definitiva, he de reconocer públicamente que yo estaba equivocado, que no era socialdemócrata, sino eurocomunista. Los eurocomunistas son lo que yo entendía como socialdemócratas, esto es, quienes perseguimos el socialismo a través de las reformas sobre el modelo capitalista; quienes perseguimos la democracia popular a través de la reforma de la democracia liberal; quienes perseguimos una sociedad sin clases sociales y que tenga colectivizados los medios de producción, y todo ello sin necesidad de revoluciones violentas sino a través de la praxis política. Cuestión de nomenclatura.