EN EL ALTAR DEL SACRIFICIO
Es de público y notorio conocimiento – y si no lo sabían es porque o no les da la gana o viven en un universo paralelo – que PP y PZOE tienen un número determinado y bien documentado de voto fiel, que acude a las citas electorales de manera indubitada, incondicional y masivamente. Son votantes “forofos”, como el hermano de éste que les escribe, que se van el día de antes de las votaciones a hacer cola en la puerta del colegio electoral, con el voto preparado, los ojos inyectados en fervor partidista y presa de una crisis de ansiedad. Sin embargo, la izquierda tiene en sus votantes a un grupo crítico, que nos leemos todos los comunicados, programas electorales, cuestiones adyacentes y analizamos minuciosamente (léxica y semánticamente) todos los documentos que emanan de nuestro partido. El electorado de izquierdas necesita ser movilizado por sus partidos a través de un pacto explícito que se establece entre la organización política y la persona votante en concreto. El voto de izquierdas es un voto meditado, comprometido y fruto del consenso, de ninguna manera impulsivo o incondicional.
“El voto cautivo” de PP y PZOE les da una sólida base para postularse como “partidos de Gobierno” – cosa que no les ocurre a los partidos izquierdas, como también es de público conocimiento – pero siendo condición necesaria no es suficiente. Ambos partidos precisan de convencer, o seducir – según se mire – al electorado desideologizado (en este caso, no liberal) que vive en ese terreno nebuloso e inaprehensible del “centro”; de ahí los cíclicos viajes al centro que realizan, siempre en periodo pre-electoral, ambas formaciones políticas. El PZOE seduce al centro con personajes como Solbes, Bono, etc., en tanto que el PP lo hace con Zaplana, Gallardón, etc. En los últimos tiempos se ha verificado un proceso de “derechización” progresivo del PP, que va aumentando de intensidad a medida que se acercan las elecciones y el liderazgo de Rajoy se va erosionando. Ese proceso “derechizador” se orienta a favorecer el sector más reaccionario y afín a la jerarquía de la Iglesia Católica, en detrimento de lo que podríamos llamar “el ala moderada” del liberalismo conservador, que a grandes rasgos es la ideología dominante en ese partido. Personajes de la talla de Aguirre, Acebes, Camps, Pujalte, etc., medran en el PP, socavando las bases moderadas y abocando a dicho partido al abismo insondable de los misterios de la fe; la fe en la oligarquía, digo.
La batalla de Madrid es un claro exponente de esta encarnizada guerra interna. La inmolación de Alberto Ruíz Gallardón en el altar del sacrificio que ha propiciado Esperanza Aguirre y que ha escenificado Mariano Rajoy, pone de manifiesto el inmenso poder y el largo brazo del sector reaccionario. Lo más rancio y carca del PP va copando lenta, pero inexorablemente, los resortes de ese partido hasta no sabemos qué extremos por el momento. Sin embargo, el ritual del sacrificio de Gallardón es también la escenificación del abandono del electorado más moderado del liberalismo hispano por el principal partido de la derecha, lo que sin duda supone la definitiva sentencia para Mariano Rajoy, cuyo sillón ya se disputan sus sucesores, que precisan para optar al cargo que el actual ocupante sufra un descalabro considerable, afán al que están dedicando, si no me equivoco, sus más denodados esfuerzos.
“El voto cautivo” de PP y PZOE les da una sólida base para postularse como “partidos de Gobierno” – cosa que no les ocurre a los partidos izquierdas, como también es de público conocimiento – pero siendo condición necesaria no es suficiente. Ambos partidos precisan de convencer, o seducir – según se mire – al electorado desideologizado (en este caso, no liberal) que vive en ese terreno nebuloso e inaprehensible del “centro”; de ahí los cíclicos viajes al centro que realizan, siempre en periodo pre-electoral, ambas formaciones políticas. El PZOE seduce al centro con personajes como Solbes, Bono, etc., en tanto que el PP lo hace con Zaplana, Gallardón, etc. En los últimos tiempos se ha verificado un proceso de “derechización” progresivo del PP, que va aumentando de intensidad a medida que se acercan las elecciones y el liderazgo de Rajoy se va erosionando. Ese proceso “derechizador” se orienta a favorecer el sector más reaccionario y afín a la jerarquía de la Iglesia Católica, en detrimento de lo que podríamos llamar “el ala moderada” del liberalismo conservador, que a grandes rasgos es la ideología dominante en ese partido. Personajes de la talla de Aguirre, Acebes, Camps, Pujalte, etc., medran en el PP, socavando las bases moderadas y abocando a dicho partido al abismo insondable de los misterios de la fe; la fe en la oligarquía, digo.
La batalla de Madrid es un claro exponente de esta encarnizada guerra interna. La inmolación de Alberto Ruíz Gallardón en el altar del sacrificio que ha propiciado Esperanza Aguirre y que ha escenificado Mariano Rajoy, pone de manifiesto el inmenso poder y el largo brazo del sector reaccionario. Lo más rancio y carca del PP va copando lenta, pero inexorablemente, los resortes de ese partido hasta no sabemos qué extremos por el momento. Sin embargo, el ritual del sacrificio de Gallardón es también la escenificación del abandono del electorado más moderado del liberalismo hispano por el principal partido de la derecha, lo que sin duda supone la definitiva sentencia para Mariano Rajoy, cuyo sillón ya se disputan sus sucesores, que precisan para optar al cargo que el actual ocupante sufra un descalabro considerable, afán al que están dedicando, si no me equivoco, sus más denodados esfuerzos.






2 comentarios:
Estoy de acuerdo en lo que dices excepto en:
¿¡¿¡¿¡ZAPLANA MODERADO!?!?!!?
Zaplana es un reaccionario, especulador, trepa y meapilas. No tiene un hueso porpio en el cuerpo. "Esta en politica para forrarse" y ya esta. Este individuo vendio su alma al diabl y se apunto al partido de los que quieren forrarse, y encima hacen ostentacion de ello (PP)
El PP ha cometido un error sacrificando al mas centrista de su rebaño. El ordago de Espe es un triunfo para el ala mas radical y dura del PP.
Y eso en las elecciones lo van a pagar.
En efecto, Guillermo, Zaplana es un claro exponente del sector liberal del PP, el que se opone al sector de Esperanza, Acebes, Camps y demás números del OPUS. Que se oponga al sector de los guerrilleros de Cristo no lo sitúa en un plano de superioridad, ni lo convierte en un sector digno de confianza. Conviene no confundir los términos. Zaplana es un trepa, un arribista, como ya ha dicho él mismo, pero no un Legionario de Cristo, ni un Martillo de Herejes, ni el Cardenal García Gasco, que esos son otros.
Salud y República.
Enric Casanova.
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