LLAMAZARes MOISÉS
Marx se creyó Prometeo y pretendió robarle el fuego (poder) a los dioses (capital) para entregárselo a los humanos (clase obrera), y someterse al martirologio detallado en la leyenda mitológica greco-romana (Steiner, 2006). Sé que resulta difícil imaginar al barbudo líder del comunismo con alitas de algodón, surcando raudo los procelosos cielos de la Europa de principios de la pasada centuria, repartiendo el fuego de los dioses, pero así se vio él mismo en su adolescencia. Al margen de sus delirios oníricos, Karl Marx fue un genio que cambió el mundo y abrió una nueva era en la evolución de las sociedades occidentales; su escuela de pensamiento perdura todavía y buena parte de sus postulados teóricos sirven hoy de base y referencia obligada. Llamazares se cree Moisés, que como Prometeo es una figura mitológica, a quien Dios encargó conducir al pueblo de Israel a la tierra prometida (actual Palestina, y es que a veces Dios hace una promesas que déjate tú), y tras recibir la verdad revelada a través de la zarza ardiente ha bajado del monte Sinaí con las tablillas de los Diez Mandamientos, que nos ofrece para nuestra salvación a cambio de nuestro voto. A diferencia de Marx, Llamazares no es un genio y su obra no perdurará en una escuela de pensamiento, sino que sus ocurrentes payasadas terminarán en el oprobio del ostracismo “clisténico”, ya que hablamos de cultura greco-latina.
Hace ya algunos años, cuando estudiaba Trabajo Social, entregué un trabajo sobre la obra “Plácido” de Berlanga, el genial director de cine, a una excelente profesora de sociología y en las conclusiones señalaba que si bien estaba de acuerdo en la acidez de la crítica social que destila la filmografía de este valenciano universal, no podía sino expresar mi disgusto por el hecho de que la mencionada crítica se diluyese en la payasada de tal manera que resultase un esperpento inofensivo; razón por la cual el régimen franquista permitió y hasta subvencionó las películas del afamado padre de “El Verdugo” o “Bienvenido Mr. Marshall”. Es obvio que de no mediar la dilución en la bufonada intrascendente, las películas de Berlanga no hubieran pasado la censura y a estas horas estaríamos hablando de un represaliado de la Guerra Civil y no de un genio de nuestro cine. Pues, salvando las distancias, porque Llamazares no es Berlanga, con todos los respetos, al coordinador general de IU le pasa algo similar. Estando de acuerdo con su propuesta de un Estado Laico, ésta se convierte en volutas de humo que grácilmente ascienden para difuminarse en el cielo azul, por obra y gracia de la estulticia intelectual que pare el esperpento valleinclanesco de las tablillas con los diez mandamientos (http://www1.izquierda-unida.es/noticia_final.jsp?id=3571), porque mira que la tontería es “así de cualquier manera”.
Visto lo visto y con lo escéptico, paranoico y malpensado que me he vuelto últimamente, ya no sé si pensar que todo esto obedece a una estrategia del propio Gaspar para liquidar IU y montarse una consulta privada en Oviedo (Llamazares es médico). Porque, a ver si no es para pensar mal que tras la catastrófica gestión de la crisis valenciana, que ha desembocado en una obligada pero traumática escisión – con la paradoja inexplicable de que el propio Llamazares acudirá a respaldar en un mítin a quienes pretenden defenestrarlo, en detrimento de quienes lo apoyaban – ahora se descuelgue con semejante charlotada a las puertas de unas elecciones generales de infaustos presagios para IU.
Hace ya algunos años, cuando estudiaba Trabajo Social, entregué un trabajo sobre la obra “Plácido” de Berlanga, el genial director de cine, a una excelente profesora de sociología y en las conclusiones señalaba que si bien estaba de acuerdo en la acidez de la crítica social que destila la filmografía de este valenciano universal, no podía sino expresar mi disgusto por el hecho de que la mencionada crítica se diluyese en la payasada de tal manera que resultase un esperpento inofensivo; razón por la cual el régimen franquista permitió y hasta subvencionó las películas del afamado padre de “El Verdugo” o “Bienvenido Mr. Marshall”. Es obvio que de no mediar la dilución en la bufonada intrascendente, las películas de Berlanga no hubieran pasado la censura y a estas horas estaríamos hablando de un represaliado de la Guerra Civil y no de un genio de nuestro cine. Pues, salvando las distancias, porque Llamazares no es Berlanga, con todos los respetos, al coordinador general de IU le pasa algo similar. Estando de acuerdo con su propuesta de un Estado Laico, ésta se convierte en volutas de humo que grácilmente ascienden para difuminarse en el cielo azul, por obra y gracia de la estulticia intelectual que pare el esperpento valleinclanesco de las tablillas con los diez mandamientos (http://www1.izquierda-unida.es/noticia_final.jsp?id=3571), porque mira que la tontería es “así de cualquier manera”.
Visto lo visto y con lo escéptico, paranoico y malpensado que me he vuelto últimamente, ya no sé si pensar que todo esto obedece a una estrategia del propio Gaspar para liquidar IU y montarse una consulta privada en Oviedo (Llamazares es médico). Porque, a ver si no es para pensar mal que tras la catastrófica gestión de la crisis valenciana, que ha desembocado en una obligada pero traumática escisión – con la paradoja inexplicable de que el propio Llamazares acudirá a respaldar en un mítin a quienes pretenden defenestrarlo, en detrimento de quienes lo apoyaban – ahora se descuelgue con semejante charlotada a las puertas de unas elecciones generales de infaustos presagios para IU.






2 comentarios:
Bueno, bueno. Puede ser que ocurra com en Catalunya. Después de la ruptura, y pasado algún tiempo y enfriados los ánimos, se apueste por el sentido común y por la coalición entre Iniciativa y EU. Ahora la clave és saber qual de las dos se llevará más votos para liderar después la reconstrucción del espacio. Porque de diputados, nada de nada.
Sin duda, estoy de acuerdo. Yo creo que, como en Catalunya, en el País Valenciano, Iniciativa obtendrá mejores resultados que EUPV y liderará a la izquierda. Y si no, tiempo al tiempo.
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