viernes, octubre 10, 2008

BIPARTIDISMO: ENFERMEDAD O REMEDIO.

Últimamente en la Comunitat Valenciana y en España se está produciendo, al albur de un nuevo ciclo político caracterizado por el fortalecimiento de las tendencias bipartidistas en detrimento de veleidades multipartidistas, un debate sobre la necesidad de la reforma de la ley electoral a fin de si no combatir sí al menos poner coto a esa bipolarización política de la democracia española. La eclosión de esta preocupación se ha producido como consecuencia de la evidencia empírica del desplome electoral de Izquierda Unida, cuya dirección atribuye las causas de la debacle a la mencionada ley electoral, alegando que favorece el bipartidismo, perjudicando fundamentalmente a las opciones minoritarias de ámbito nacional. Tampoco escapan a esta coyuntura política los partidos nacionalistas y, en general, aquellos que defienden opciones ideológicas y/o políticas de carácter si no testimonial sí muy concentradas en sectores específicos de la población.

La pregunta que conviene plantearse al respecto es si el bipartidismo es perjudicial y provocado, digamos artificialmente, por el funcionamiento de una legislación electoral que persigue precisamente esa finalidad; o, por el contrario, que se trata en el orden causal de una consecuencia de la voluntad política ciudadana manifestada libremente en elecciones democráticas y, en consecuencia, es beneficiosa para la democracia en tanto que reproduce en el Parlamento la configuración ideológica de la sociedad a la que representa aquel.

Si tenemos en cuenta que con esta misma ley electoral y con la misma fórmula matemática para la atribución de escaños IU obtuvo en época de Anguita 21 escaños en el Parlamento; si consideramos que tanto en época de González como de Aznar los partidos nacionalistas, sobre todo catalanes (CiU) y vascos (PNV) jugaron un papel importante a la hora de garantizar la gobernabilidad del estado; si pensamos que en la era ZP los partidos políticos minoritarios (IU, ICV, ERC, CHA, BNG, EA…) y los dos grandes partidos nacionalistas (CiU y PNV) también han entrado a participar en esa gobernabilidad de España, muchas veces muy por encima de la legitimidad que les otorga su representatividad política, pues no parece que sea razonable atribuir a la ley electoral el papel preponderante en el auge del bipartidismo. Entonces, y siendo generosos al no descartar cierto grado de influencia de la legislación en el proceso, habrá que atribuir las causas del fenómeno a la voluntad popular, manifestada libremente en elecciones democráticas con todas las garantías.

En consecuencia, si todo lo que he dicho es cierto – y hay que tener en cuenta que no estoy, ni mucho menos, en posesión de la verdad absoluta sino que soy falible y me equivoco con cierta frecuencia – que el bipartidismo, “per se”, no es necesariamente perjudicial, siempre que sea reflejo de la voluntad de la ciudadanía. Otra cosa es que el bipartidismo suponga el yugulamiento de la diversidad ideológica, que iría, al menos desde mi punto de vista, en detrimento del sistema democrático. Por ello, y desde una óptica de izquierdas – socialdemócrata y autonomista – sería bueno implementar los mecanismos necesarios para garantizar la representación política de todas las opciones ideológicas de la izquierda en el seno del PSPV-PSOE, de tal manera que a la derecha, unida en un único partido, el PPCV, se le opusiera firme y contundentemente la izquierda (o las izquierdas) también unidas en un único partido.

Evidentemente, y esto ya lo he escrito en alguna otra ocasión, para que se produzca la unidad de la izquierda, o de las izquierdas, en un único partido, el PSPV-PSOE, es necesario que la militancia de los partidos minoritarios – y en franco proceso de marginalización y posterior desaparición – pasara por encima de sus direcciones, ya que éstas, salvo prueba en contrario, están más interesadas en la defensa de sus ámbitos de influencia y sus espacios de poder (cada vez más minúsculos e intrascendentes) que en la de sus postulados ideológicos, si es que los tienen, que hay de todo, como en botica. La razón es simple, que no sencilla, y es que hay que rentabilizar el esfuerzo, porque dilapidar el potencial político de la militancia entregada de ciertos partidos políticos, en vías de desaparición y sumidos en la marginalidad, es un derroche inaceptable para alguien de izquierdas, máxime cuando en el fondo a lo único que contribuye ese desperdicio intolerable de esfuerzo y dedicación – también de dinero – es al triunfo de la derecha, que se apoya en las tendencias atomistas de la izquierda – o de cierta izquierda, seamos justos – para crear confusión en el electorado.

Si la unión hace la fuerza, unámonos ¿A qué esperamos? Es necesario poner fin a la era de la derecha neoliberal en la Comunitat Valenciana y abrir una nueva época caracterizada por gobiernos progresistas y de izquierdas, que permitan a este pueblo avanzar hacia cotas de bienestar, progreso, sostenibilidad ecológica y justicia social. Para eso, compañeras y compañeros, hemos de ser pragmáticos y dejar de sustentar bultos sospechosos para salir a la luz del día y trabajar por un futuro mejor y factible para todos.

2 comentarios:

Pedro F dijo...

Estimado Enric.
En mi opinión, al bipartidismo a nivel nacional está provocado por la ley electoral, quiero decir con esto, con la enorme cantidad de circunscripciones que existen. Con una circunscipción única existirían en España posiblemente 4 partidos nacionales, no por los votos que tienen hoy en día, si no por los que tendrían una vez consiguiesen grupos parlamentarios importantes, con posibilidades de financiación, y con responsabilidades en la gobernación del estado.
Quizá este no es el Caso de la Comunidad Valenciana, dónde la Barrera del 5% no se puede considerar un problema capital, mas cuando la colaición Compromis ha obtenido pésimos resultados. Estoy de acuerdo contigo en lo de las cuotas de poder de los pequeños partidos valencianos, pero ¿es sensato pretender la absorción de toda tendencia a la Izquierda del PSPV?¿Y cuando el PSPV haga políticas de "derechas". que hacemos entonces?porque entonces no habría alternativa.
Los sistemas bipartidistas nunca son buenos, porque por la lógica del sistemas hace que los 2 partidos se "toquen" en el centro, para intentar captar todo el electorado posible. En momentos de crisis, de necesidad de cambio, eso lleva al inmovilismo y la imposibilidad de alternativa, porque esos dos partidos hacen básicamente lo mismo. ¿Es eso lo que queremos?

Enric Casanova dijo...

Estimado amigo Pedro,

Evidentemente que si existiera una circunscripción única sólo habría en el Parlamento partidos políticos de ámbito nacional, pero ni se puede asegurar que su número fuera superior a dos ni se puede pensar que sólo con partidos políticos de ámbito nacional se garantiza la pluralidad política.

En la Comunitat Valenciana el PSPV-PSOE, al que tanto denostan algunos, intentó primero eliminar la barrera electoral y luego reducirla al 3%, pero como todos sabemos el PPCV tiene mayoría absoluta y por ahí no pasó. Como ya he dicho, los pequeños partidos políticos de izquierdas contribuyen a la atomización de la izquierda y dan ventaja a una derecha prácticamente monolítica, unificada en el PPCV, que ha aglutinado desde el neo-franquismo, pasando por el neo-liberalismo y terminando en el regionalismo.

La unificación de las izquierdas en el PSPV-PSOE no supone, en mi modelo, un empobrecimiento ideológico, ni un monolitismo político, sino una unión en la diversidad, de tal manera que la política del partido esté en función de la representatividad de las diversas tendencias, sensibilidades o ideologías políticas de izquierdas que convivan en su organización. Probablemente, y esto es especulación, con un PSPV-PSOE de esa estructura no habría posibilidad de esas "políticas de derechas" o "de centro".

Yo no me atrevo a calificar de "malas" "todas" las situaciones de bipartidismo. Lo malo o lo bueno de la teoría depende de la praxis. Si en un sistema bipartidista nos sentimos todos representados, bienvenido sea el modelo bipartidista.